sábado, 6 de agosto de 2011

Homenaje a Pumby




Hubo una época en la que los niños españoles nos entreteníamos jugando todo el día en la calle con los amigos, yendo al cine, sobre todo en verano, cuando se abrían las terrazas, oyendo las canciones que ponían en la radio, historias de amores rasgados que no entendíamos, y leyendo tebeos, lectura que para muchos supuso el paso previo a los libros. A mediados de los sesenta, los tebeos que yo leía eran de Hazañas bélicas, El Jabato y El Capitán Trueno, Tintín, Jaimito y Pumby. Nunca supe quiénes eran los autores de estas historietas, ni creo recordar haber sentido curiosidad por saberlo. Eso vino mucho después, cuando también resultaba importante saber qué era la factoría Bruguera y la editorial Valenciana, y quiénes eran Ibáñez o Víctor Mora. Después uno se fue haciendo mayor y no sé por qué pero, la verdad, nunca volvieron a llamarme la atención ni los cómics, ni la hoy pomposa e innecesariamente llamada novela gráfica, a pesar de los esfuerzos que uno ha ido haciendo por meterse en la materia.   


Acabo de leer en la prensa que ha muerto a la edad de 79 años el dibujante valenciano José Sanchis. El nombre no me decía nada, pero tras enterarme de que colaboró en Jaimito, Pumby y Super Pumby, y de que era el padre del gato del desproporcionado cascabel, ya me ha parecido como de la familia. Cuando era niño, las aventuras del gato Pumby, animal antropomorfo, hecho a imitación de los dibujos de Walt Disney, de quien se rumoreaba por aquel entonces que había nacido en Mojácar (Almería), emigrando pronto sus padres a los Estados Unidos, me entretenían con su humor disparatado y surrealista, tan distinto del resto de los tebeos que frecuentaba. Este es otro de esos casos, como ocurre tantas veces en la literatura, en los que el personaje acaba engullendo al autor, y fue tanta su popularidad que incluso, como hemos visto, dio nombre a una revista entera.   


8 comentarios:

Elisa dijo...

Pumby, lo había olvidado. Los domingos, tras la misa, mi padre nos llevaba al quiosco y nos compraba un tebeo a cada uno. Como eramos cuatro, teníamos para el Pumby, el Pulgarcito, el TBO y uno de chicas que se llamaba Bazar. Madre mía, qué de tiempo.

Biblioteca dijo...

Hola, Fernando, también yo pasaba mis días, sobre todo de verano, como tú: jugando en la calle, en los matinales de cine y terrazas de verano donde vi todos los romanos y la caballería e indios del oeste, y en la cocina, con mi madre, mientras hacía los deberes, oía las novelas de la radio, sobre todo, "Matilde, Perico y Periquín" o "Ama Rosa" que me aburría porque era para mayores. Conservo muchas de esas colecciones y también, de alguna manera, soy un enamorado de una época difícil pero tan diferente. Mis hermanos mayores se encargaban de coleccionar El Jabato, El Capitán Trueno, Pantera negra, Hazañas bélicas, y yo recibía su afición a esas lecturas, algo que como tú me ha llevado a los libros.
Hace mucho tiempo de eso, y sin nostalgia, uno recuerda su niñez.
Pedro M. Domene

Anónimo dijo...

Nosotros éramos tres hermanos. Al igual que a Elisa, los domingos, tras la misa, los mayores nos daban dinero para comprar la "lectura dominical": a la hermana mayor le correspondía el TBO, a mí, la segunda, Pumby. Al varón, el tercero, El Capitán Trueno.Por la tarde, una vez devorado cada uno el suyo, nos los intercambiábamos.
Como Pedro, no siento nostalgia, pero sí que forma parte de ciertos rituales fundamentales.
Un saludo vecinal, mj

Conchi dijo...

Fui otra enamorada de los tebeos ( Hazañas Bélicas, el Jeque Blanco, Pulgarcito, el TBO...) y de ahí pasé también a los libros.
En mi niñez , la calle no tenía fronteras, tampoco los días...
Al leer tu blog volví a reencontrarme con la niña que leía hasta muy tarde a la luz de una linterna...
Sigo leyendo hasta la madrugada.

Jesus Esnaola dijo...

A mí "Hazañas Bélicas" y "Roberto Alcázar y Pedrín" me llegaron por mi padre, por él incluso llegué a tener tebeos del movimiento como "Flechas y Pelayos" y "Chicas". Luego vinieron El capitán Trueno, El Jabato, las Joyas Literarias Juveniles... Y cada domingo me compraban El Hombre Enmascarado y Flash Gordon. Qué tiempos.

Poca vinculación me ha quedado con el cómic, algunas cosas de la serie Vértigo de DC y poco más. Pero mi infancia está plagada de recuerdos de tebeos que has despertado con tu entrada de hoy.

Muchas gracias, Fernando.

Freia dijo...

Sentí lo mismo que tú al leer la necrológica en El País.
Yo cambiaba por 10 céntimos los tebeos que me compraba la abuela al comenzar el verano y algunos más que compraba a escondidas con el dinero de alguna sisa.
No tenía ni idea de quiénes eran sus dibujantes porque no importaba.
Ayer, el dibujo y el nombre de Pumby me trajeron un montón de recuerdos agradables.

Un abrazo.

Elena Rius dijo...

Un viaje en el tiempo. Sólo al leer esta entrada he recordado a Pumby. Y a Jaimito, y a tantos otros tebeos que jalonaron mi niñez. Yo era más de Pulgarcito y, sobre todo, de TBO. ¡Madre mía, lo fascinantes que me parecían los inventos del Dr. Franz de Copenhaguen!

Anónimo dijo...

Pumby fui mi heroe de la paraeta cuando era pequeño, como dice un contertulio casi aprendí a leer con él. Ya de mayor el Sr.Sánchis me echó una mano para un trabajo que llevé y llevo a cabo. Su carta y sus felicitaciones navideñas las guardo como un tesoro. Espero que Blanquita, Pumby y Chivete lo acompañen para siempre. J.V.González Silvestre