lunes, 29 de agosto de 2011

SUSANA CAMPS

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DÍAS DE GLORIA 
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El abuelo mira a un lado y a otro y, cuando está seguro de que no lo ven, empieza su largo recorrido hacia el final del pasillo. Avanza con su andador muy, pero que muy despacio. A cada paso se hace estatua. No quiere que nadie intuya su destino. Se cruza con una cuidadora pero ella apenas levanta la vista; bien, señal que no levanta sospechas.
El abuelo es un héroe de la paciencia, un ave fénix de la tenacidad. Ahora, cuando más ansioso está por llegar a su destino, es cuando su andar se hace más lento. Se contiene gracias al carraspeo de las zapatillas que arrastra por el suelo: sabe que debe escuchar un “ras” cada vez más espaciado.
El ventanal ya está abierto. Eso supone una gran ventaja. Nadie ha imaginado lo que se propone; no habrá gritos, saltos, inmovilizaciones esta vez. No volverán a hablarle de Paco (su mejor amigo de la residencia se lanzó en abril, pero es un secreto. Estas cosas se silencian a rajatabla). Si lo consigue, demostrará que aún gobierna su destino, y no volverá a escuchar las mojigaterías de la psiquiatra.
El abuelo llega a su meta. Es un campeón. No pueden ni imaginarse lo que significa: ninguno de ellos, con sus piernas sanas, su libertad para entrar y salir, su idea preconcebida de lo que debe ser la vida de un anciano enfermo, tiene ni la más remota noción del fenomenal sabor a triunfo que supone alcanzar el ventanal, notar el aire en el rostro, inclinarse levemente hacia afuera, dejar que el cuerpo oscile respirando aire fresco y, unos segundos antes de que alguien lance el grito fatal y resuenen todos los demás a coro, antes de que en sus memorias flote la tragedia de abril y antes de que piensen en cómo ocultarlo de nuevo (casi los ve mirarle desde una fracción congelada de segundo, como si él fuera el espectador y no el protagonista), enarbolar a la velocidad del rayo el cigarro escondido y prenderlo con vertiginosa e insondable maestría, bien en alto: himno a la humanidad recuperada.
Todavía puede ser el más rápido, pobres diablos: ninguno, no, ninguno sabe qué bien sienta reírse de ellos a carcajadas, demostrarles quién es aún el abuelo y robarles pública y soberbiamente el triunfo al conseguir siquiera una, aunque sea una sola, pero sarcástica, gloriosa y fenomenal, calada.
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RIESGOS DOCENTES 
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Siempre llamándome PéguezPéguez esto, Péguez lo otro. Péguez cierra el móvil cuando estás en clase. ¡A los demás los llama por su nombre! ¿Tienes que sonagte así, que los compañegos no oyen ni togta? Para lo que tienen que oír, jopeta. Y al menos se ríen, que con sus gráficas plasta, todos muertos. El otro día cómo se puso el gangoso, total porque jugaba con mi imán y sus clips: volaban de su mesa a la mía. Péguez te pongo un punto negativo. Luego como el de ciencias nos contó lo del magnetismo, que si imantas un reloj se para, pues pensé vas a ver, me acerqué en el patio y zas, se lo puse bien cerca, cerca del corazón pero por la espalda, a ver qué pasaba. La mongui de la Rosa lo estropeó todo, me vio y se puso a gritar, las manos en los cachetes de foca, ¡para, animal, para! El gangoso retorciéndose por el suelo, sólo decía mag-ca-pasos, mag-ca-pasos. El Nando y yo es que nos partíamos, macho, qué cara de idiota ponía el tío. Pero jopeta. Ahora dicen que todo es culpa mía y que me va a caer un puro. Pues a la porra cachiporra y me piro vampiro, yo no voy a comerme el marrón.
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Susana Camps (Barcelona, 1963) estudió Filología y se doctoró en Traducción. Ha publicado relatos, críticas literarias y una novela. Tiene inédito un libro de microrrelatos, para el que le gustaría encontrar un buen editor.         
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* El dibujo es de Mathias Weischer.
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18 comentarios:

Patricia Nasello dijo...

Estupendos micros, Susana.
Tenés muy bien ganado el honor de estar presente en esta página.

Abrazos

Puck dijo...

Me encanta encontrar a Susana en la nave. El micro del abuelo fumador es genial.
Saludillos

Jesus Esnaola dijo...

Excelentes microrrelatos los dos, marca de la casa. Es curioso cómo en el primero un anciano busca alcanzar algo pequeño, sin importancia, que sin embargo para él es una victoria en toda regla, mientras que en el segundo tenemos a un niño harto que hace una barbaridad con la inocencia de lo pequeño, de lo carente de importancia.

No me cabe duda de que el libro de microrrelatos de Susana encontrará editor más pronto que tarde.

Un abrazo Susana, gracias Fernando.

Gemma dijo...

Estupendo el giro humorístico y socarrón de la primera pieza; el segundo me ha parecido, en cambio, de una ferocidad abrumadora, cruel como sólo saben serlo algunos niños malcriados (y ciertas escritoras de micros)...
Un beso!

Pedro Herrero dijo...

Yo destaco esa bella imagen: “A cada paso se hace estatua”, en el primer relato, así como el arduo trabajo de ralentizar el avance del personaje, a base de prolongar la descripción de su trayectoria. Es una historia planteada casi como si se tratara de un duelo a pistola, contra quienes desafían con sus normas las pequeñas libertades a las que tanto cuesta renunciar. El gesto final de enarbolar bien alto el cigarrillo convierte al abuelo en pistolero, y el humo de su fugaz (aunque profunda) calada transmite una sensación inequívoca de que, tras dar en el blanco, nada puede hacer que se sienta mejor. Un fuerte abrazo a Susana, y mucha suerte con su libro de microrrelatos.

Rosana dijo...

Susana, precioso el micro del abuelo..por momento deseo que llegue a la ventana! Cariños desde Buenos Aires, Rosana

manuespada dijo...

Me han gustado mucho los dos, pero el del abuelo especialmente. Hay pocas historias protagonizadas por abuelos últimamente. Mucha suerte con ese libro, Susana.

Rocío Romero dijo...

Dos piezas increíbles, Susana. Como a Jesús me ha parecido que la pequeña gran victoria del abuelo contrasta con el desenlace fatal del segundo micro.
Me han gustado mucho los dos. Qué ganas de ver ese libro publicado :-)
Abrazos y enhorabuena por la merecida presencia en la nave.

Ricardo Álamo dijo...

Es curioso que, al margen de los parabienes sobre el humor del relato o el gesto herocio del abuelo que enarbola sus ansias de libertad en busca de una dosis de nicotina, nadie destaque hacia dónde nos han llevado los nuevos puritanos del progresismo en estos tiempos, aquí y en medio planeta. Desde que Italo Svevo escribiera en 1923 La conciencia de Zeno, cuyo argumento gira en torno a las complejas relaciones que el protagonista de la novela mantiene con su adicción al tabaco y, por ende, con los mecanismos psicoanalíticos de la terapia de desintoxicación que emprende -y que es el verdadero trasfondo del texto-, en una época en que, por otro lado, no estaba mal visto que un hombre fumara (y mucho), hemos pasado a una etapa en la vida real y en la literaria en que fumar no sólo es una aberración para la salud, sino también para la moral y sobre todo para cualquier forma de expresión artística. Así, poco veremos ya a un protagonista literario, por ejemplo, adornado con el estigma del fumador, y menos aún a un protagonista cinematográfico o televisivo. Hoy en día, se parte del dogma de que literatura y tabaco no casan bien. E igual que Quim Monzó denunciaba en uno de sus artículos recogidos en Esplendor y gloria de la Internacional Papanatas que en una guardería inglesa se había prohibido la lectura de los tres cerditos para no herir la sensibilidad de los niños musulmanes, llegará el día -si no ha llegado ya- en que censuremos a aquellos escritores que se atrevan a plantear escenarios literarios humeantes, o como el texto de Susana, vindicativos de una necesidad de libertad.

Elysa dijo...

Me gustan ambos micro, pero el del abuelo es memorable y muy visual.

Suerte con ese libro, Susana.

Saludos

Rosana Alonso dijo...

Me gusta mucho ese abuelo, y además de todo lo dicho (en algunos casos la visión de los demás me ha hehco ver xon otros ojos el micro) yo me he dejado llevar por ese aire a locura inminente, ese "lo que le pasó a Paco" que abre un punto de fuga y la sensación vertiginosa de que el último acto de libertad del viejo iba a ser un salto al vacío; luego Susana my hábilmente nos devuelve la respiración, detenida por un momento,en ese gesto de rebeldía de fumarse el pitillo.
Del segundo me llama la atención, la voz infantil que no suena impostada y la crueldad genuina que menciona Gemma.

Abrazo a la navegante y al Capitán.

Suerte para ese libro ;)

Fernando Valls dijo...

Me parece importante que los microrrelatos tengan comentarios porque nos sirve a todos para entenderlos mejor. Sean elogiosos o críticos, siempre que la opinión esté fundamentada, pueden ser muy útiles, tanto para el autor como para el resto de los lectores. Me parece que a estas alturas, deberíamos aspirar a una ambición y exigencia cada vez mayor, para evitar bochornos como los que produce la lectura de la mayoría de los textos participantes en el concurso del diario El País, como señaló en su momento Antonio Serrano Cueto.
Gracias y todos por vuestras intervenciones.

Susana Camps dijo...

Muchísimas gracias a todos y cada uno, Patricia, Puck, Jesus, Gemma, Pedro, Rosana Felippo, Manu, Rocío, Ricardo, Elysa y Rosana Alonso por vuestra lectura atenta y vuestros comentarios, que me ayudan a descubrir un nuevo modo de mirar mis propios textos. Es una experiencia sumamente enriquecedora. Y en el plano personal, muchísimas gracias por vuestra simpatía y apoyo, pues ya nos vamos conociendo y es siempre impecable.
Fernando, te agradezco muy especialmente el espacio que me has brindado, tus palabras y la guía que nos ofreces a todos desde este blog de merecido prestigio. Un abrazo muy fuerte.

Nicolás Jarque dijo...

Qué dos relatos, muy diferentes los dos con su estilo, pero grandiosos. Me ha cautivado ese anciano en busca de la libertad y ese juvenil llamando la atención. Muy buenos.

Un saludo.

Elèna Casero dijo...

los dos relatos me parecen magníficos. El del abuelo, con una rapidez de imágenes subyugantes que te hace incluso sentir el fresco de la ventana. Y el otro con esa dosis de crueldad tan real, tan habitual en esta vida diaria.

Y coincido con Fernando en que ejemplos como estos son los que nos hacen aprender, no los del estilo de las revistas veraniegas.

Emilia Oliva dijo...

Mi enhorabuena por estos hermosos relatos y mis mejores deseos apra ese libro. a raiz de lo que comenta Ricardo Álamo, Jesús Marchamalo ha publicado un librito (35 ejemplares)sobre tabaco y literatura, divertido y plagado de anécdotas y chascarrillos contados con gran maestría.
"Viaje a Vasconcelos" (Consideraciones sobre la lectura, los libros y el arte de fumar).
En el blog de Elías Moro está la noticia
http://eljuegodelataba.blogspot.com/2011/07/viaje-vasconcelos.html

Isabel dijo...

Felicidades, Susana, siempre aciertas.

SALUDOS

Arte Pun dijo...

Gracias por los micros Susana. Y como dices que te ayudan a verlos desde otros puntos de vista, te comento el mío.
El del abuelo es el que más me ha gustado, y para mi el abuelo se tira. De lo contrario, preocuparse de que la ventana esté abierta es como si los atracadores de un banco se preocupasen previamente de dejar el coche bien aparcado.

Del otro micro me queda la crueldad de la travesura, ¿quién no ha tenido profesores plastas?, pero además al pobre se le han juntado el marcapasos y el "gangoseo".

Saludos